Nueva York — El corazón financiero de Manhattan vivió una de sus jornadas más trágicas este lunes, cuando un hombre armado identificado como Shane Devon Tamura, de 27 años y exjugador de fútbol americano, abrió fuego dentro del edificio de oficinas ubicado en 345 Park Avenue, sede de la NFL y de grandes firmas como Blackstone y KPMG.
El saldo: cinco muertos, incluido el atacante, y al menos un herido grave. Entre las víctimas se encuentran:
• Didarul Islam, oficial del NYPD de origen bangladesí, padre de dos hijos y con un tercero en camino.
• Wesley LePatner, directora global de bienes raíces de Blackstone, reconocida por su liderazgo y calidez humana.
• Dos personas aún no identificadas públicamente.
• Un empleado de la NFL permanece hospitalizado en condición estable.
El ataque ocurrió poco después del cierre laboral. Tamura ingresó armado con un rifle M4, disparó en el vestíbulo del edificio y luego subió al piso 33, donde continuó el tiroteo antes de suicidarse.
Las autoridades hallaron una nota suicida escrita a mano, en la cual Tamura expresaba su lucha con una posible encefalopatía traumática crónica (ETC), una enfermedad cerebral degenerativa vinculada a impactos repetitivos en la cabeza. En el texto, culpaba a la NFL por su deterioro mental y pedía que su cerebro fuera analizado tras su muerte.
“No puedes enfrentarte a la NFL. Te aplastarán”, escribió.
Aunque se presume que su blanco era la sede de la liga, reportes indican que se habría confundido de ascensor, disparando a personas de otras empresas en el edificio.
La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, ordenó izar las banderas a media asta en todo el estado. El alcalde Eric Adams confirmó el hallazgo de una segunda arma en un vehículo estacionado frente al lugar. El expresidente Donald Trump calificó al atacante de “lunático demente” y envió condolencias a las familias.
El tiroteo reabre el debate sobre la salud mental en atletas profesionales y la responsabilidad de las grandes ligas deportivas ante diagnósticos como la ETC, que solo puede confirmarse post mortem.
Mientras Nueva York llora a sus muertos, crece la presión sobre la NFL para enfrentar las consecuencias de un problema que muchos consideran una bomba de tiempo.
