Ante el impacto de los aranceles del 50% impuestos por Estados Unidos, el gobierno canadiense anunció este miércoles una serie de medidas contundentes para proteger a su industria del acero, incluyendo restricciones severas a las importaciones y una inversión millonaria en innovación y reconversión laboral.
Desde una planta del grupo siderúrgico Walters en Hamilton, el primer ministro Marc Carney detalló que Canadá reducirá a la mitad el volumen de acero extranjero libre de aranceles, e impondrá una tarifa del 50% a todo producto que supere ese límite. Además, los productos que contengan acero fundido y moldeado en China enfrentarán un recargo adicional del 25%, sin importar el país desde el cual se exporten.
“El acero es la base misma del futuro económico de Canadá”, afirmó Carney. “Lo necesitaremos para nuestros proyectos energéticos, de defensa, infraestructura ferroviaria y centros de datos de inteligencia artificial. Por eso, seremos nosotros mismos nuestros mejores clientes.”
En paralelo, el gobierno federal destinará 70 millones de dólares para la reubicación laboral de trabajadores afectados por la crisis y mil millones de dólares para modernizar las plantas siderúrgicas, con el objetivo de adaptarlas a las necesidades del mercado interno.
El endurecimiento de la política comercial canadiense llega después de que el presidente estadounidense Donald Trump firmara a inicios de junio un decreto que duplicó los aranceles al acero y al aluminio a nivel global, provocando una escalada en la ya tensa guerra comercial entre ambos países.
Consultado sobre si existe una expectativa de retorno a la normalidad tras las negociaciones con Washington, Carney fue enfático: “Todos los acuerdos hoy contemplan tarifas. Esperar otra cosa sería ingenuo”.
Con estas medidas, Ottawa busca blindar su sector siderúrgico, garantizar el abastecimiento nacional y minimizar la dependencia de mercados volátiles, especialmente en un contexto global cada vez más proteccionista.
