OTTAWA | WASHINGTON — Este 1 de agosto marca el inicio oficial de una nueva etapa en las tensiones comerciales entre Canadá y Estados Unidos, tras la decisión del presidente Donald Trump de imponer aranceles del 35 % a productos canadienses no amparados bajo el acuerdo USMCA (ACEUM). La medida se aplica tras expirar el periodo de negociaciones sin alcanzarse un acuerdo integral entre ambos gobiernos.
Desde inicios de 2025, Washington ha sostenido que Canadá aplica prácticas comerciales “desequilibradas”, en referencia a subsidios estatales, impuestos digitales y ciertos bloqueos a empresas estadounidenses. Por su parte, el gobierno del primer ministro Mark Carney ha reiterado que no negociará “bajo amenaza” y que las represalias comerciales de Ottawa continuarán vigentes.
La respuesta canadiense se mantiene firme. Desde el mes de marzo, el país ha adoptado aranceles recíprocos del 25 % sobre bienes estadounidenses equivalentes a más de 30 mil millones de dólares canadienses, así como bloqueos a licitaciones públicas y eliminación de productos estadounidenses de tiendas estatales.
Aunque algunos sectores industriales y agrícolas han sido mencionados en comunicados oficiales, aún no se conocen todos los productos que quedarán gravemente afectados, dado que cada país podría emitir listas adicionales según la evolución del conflicto.
¿QUIÉN PAGARÁ EL PRECIO FINAL?
El resultado más inmediato de esta guerra arancelaria será visible en los precios. Productos de uso cotidiano como alimentos procesados, vehículos, tecnología, materiales de construcción e incluso servicios digitales podrían ver incrementos considerables en sus costos.
Tanto empresarios como asociaciones de consumidores en ambos países han advertido que serán las familias y los pequeños negocios quienes absorberán el mayor impacto, al enfrentar aumentos de precios que se trasladarán desde la cadena de suministro hasta el punto de venta.
Mientras los gobiernos siguen apostando por estrategias políticas y retóricas firmes, el bolsillo del consumidor promedio —tanto en Toronto como en Texas— podría convertirse en el escenario donde se libra esta nueva batalla comercial.
